OSCAR ALOMAR, RAMON ALBAJES

Control Biológico de Plagas: Biodiversidad Funcional y Gestión del Agroecosistema

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El amplio desarrollo de las medidas agroambientales asociadas a la Producción Integrada y la Agricultura Ecológica nos colocan en un nuevo escenario que nos obliga a profundizar más en el conocimiento de la ecología de los insectos auxiliares en relación a sus hábitats. Sin embargo, no siempre las administraciones que han gestionado la financiación de las medidas agroambientales han tenido esa perspectiva sino que a veces han intentado aplicarlas como mero subsidio a la producción.

Las prospecciones y estudios en algunos de nuestros cultivos seguramente ya son suficientes para poder decidir qué entomófagos clave se quieren favorecer y aumentar, aunque no siempre se conocen bien cuáles son las características de la infraestructura ecológica necesaria. De cara a progresar más en las técnicas de protección de cultivos, no sólo hay que obtener más información acerca de los entomófagos presentes, sino también de las fuentes de alimento y del espectro de presas u hospedadores, y especialmente sobre las especies vegetales en las que encuentran estos recursos y los factores que parecen favorecer su persistencia. Las prospecciones realizadas en cultivos en los que se aplican más insecticidas, priman los entomófagos más ubícuos adaptadas a estas perturbaciones. Por ello también deben hacerse en agroecosistemas con pocos tratamientos o bien ecológicos, de modo que se puedan identificar otras especies más efectivas en condiciones de baja o incluso nula presión de plaguicidas. En este contexto, no está de más enfatizar la importancia de un trabajo taxonómico que asegure una identificacion correcta de la fauna útil pero que no debe huir de caracterizar sus hábitats y requerimientos. La existencia de foros que permitan el intercambio de resultados de I+D obtenidos desde distintas perspectivas (Entomología, Patología, Malherbologia, Agricultura Ecológica y Agricultura de Conservación, Ecología, etc.), nos debería permitir establecer recomendaciones, que al menos al principio deberían ser lo más simples posible, acerca de como establecer, mantener y enriquecer estos hábitats, tanto dentro como fuera de los cultivos.

La conservación de entomófagos y la gestión de su hábitat para favorecerlos, aun siendo un componente esencial de todo programa de control biológico, todavía requiere de mucha I+D que debe ser impulsada por las administraciones públicas, aunque también debe colaborar el sector productivo. La gestión del hábitat, difícilmente permite obtener productos directamente comerciables. No obstante, varios grupos de productores, transformadores y supermercados españoles, realistas ante las exigencias de un mercado internacional cada vez más competitivo y exigente no sólo con la calidad del producto mismo sino con la de los procesos de producción, transformación y comercialización, apuestan por sistemas de producción más respetuosos con el medio ambiente, en algunos casos incluso con sus propios reglamentos y certificaciones. La incorporación de estas tácticas de gestión del hábitat, permitiría diferenciar todavía más sus producciones.

El desarrollo y la aplicación de medidas de gestión agroambiental, que deben asegurar el control biológico de las plagas agrícolas, también permiten compaginar el objetivo de una producción agrícola rentable con la provisión de otros bienes y servicios (conservación de recursos, creación de hábitats útiles para otras especies, diversificación del paisaje, inclusión en la Red Natura 2000, etc.) cuya valoración y reconocimiento puede complementar la función propia de la agricultura.